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Noviembre de 2012

¿Qué es la oportunidad? Según el diccionario de la RAE, la oportunidad es "la conveniencia de tiempo y lugar". Pensemos en esto un minuto: es el tiempo y el lugar simultáneamente, exactamente la combinación de los dos.

Sobre las oportunidades, Seneca, el filósofo romano, decía: "La suerte es lo que ocurre cuando lo que uno está haciendo, encuentra su oportunidad". A Demóstenes, orador y político ateniense, se le atribuye la frase: "Muchas veces, las pequeñas oportunidades son el comienzo de un gran emprendimiento". Y ya es conocida la frase (de Albert Einstein): "En cada dificultad hay una oportunidad".

Dibujo

Parece ser que nada es casual, que las grandes oportunidades que algunos han tenido en la historia, han sido fruto de predisponer intencionalmente los momentos en el tiempo, para convertirse en una oportunidad. Es el trabajo constante de la búsqueda de lugares y circunstancias como puede ser realizar una labor manual o intelectual, a través de la investigación a la que nos impulsa la curiosidad.

Oportunidades sobran, pero nosotros ¿en dónde estamos? Por ahí estamos en otra, pensando en no sé qué. O peor, pensando en qué momento se nos dará "esa" oportunidad. Hablamos de esperar "la" oportunidad de nuestras vidas. Si no nos movemos, la espera es larga, así que va a ser mejor que esperemos sentados...

Sintonizar, mirar y observar, pensar e imaginar y estar atento al tiempo en el que ocurren los hechos e intervenir cruzando nuestras ideas y trabajos con la historia casual del andar, parecen ser puntos claves.

Darse cuenta
Lo difícil es darse cuenta, captar la frecuencia, saber cuándo es el momento y si estamos en el lugar correcto para aprovecharlo. Es que esos momentos los vivimos en un único plano, como si no hubiera una tercera dimensión, como si las cosas no tuvieran volumen. Y es probable que la oportunidad esté ocurriendo en ese preciso momento, pero en otra fase, en otro plano, en otra dimensión.

Temores, complejos, subestimaciones y sobrestimaciones de situaciones modelizadas en torno a las enseñanzas asimiladas, son las razones que obstaculizan nuestra razón y no nos dejan ver las oportunidades.

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Por eso, es preciso despojarse de preconceptos, prejuicios, estándares y "normalidades" para ingresar despabiladamente en otros planos del tiempo y espacio. Casi diría, poner esos momentos en ridículo. ¿Cómo sería eso? Los precursores, los adelantados, los visionarios coquetean todo el tiempo en esos planos. Van y vienen, ven las cosas desde otros ángulos. Mientras que todos están viendo lo obvio, lo obligado, lo racional y lo lineal; ellos ni siquiera están en este mundo, hablan sin sentido, como sacados de otros tiempos. Sin duda, están parados en otro lugar, viendo otros mundos, captando y emitiendo otras frecuencias diferentes de las del resto de nosotros.


Corriéndose
¿Cómo acercarnos a estas experiencias? Comenzar a ver las cosas desde otros puntos es un comienzo. Un maestro de dibujo que tuve, proponía como ejercicio: copiar la imagen de una foto, pero exactamente al revés, girada 180 grados, algo complicado cuando se está tan acostumbrado a ver las cosas "al derecho", pero que hace dejar de lado nuestra forma habitual de dibujar, nuestra postura, nuestro punto de observación. Todo cambia.

Colocarnos en otros lugares nos permite ver lo inusual y alternativo, descubrir lo invisible al ojo y a la mente, cansados de mirar sin ver.

Entonces es cuando vemos aparecer formas nuevas para nuestra mente, cosas antes inexistentes, pero que obtienen un nuevo lugar en nuestro conocimiento. Se produce una transferencia desde el inconsciente al plano más creativo de la imaginación; se baja rápidamente "a tierra" y se traduce en una nueva forma, un nuevo objeto, una nueva aplicación, un nuevo pensamiento desconocido.

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Así es como podemos empezar a entender que una oportunidad no es pura obra de la casualidad. Son elementos que se van encontrando, circunstancias en su paso por los instantes comunes y que estos estadíos constituyen un nuevo punto de vista, despojado de lo conocido. Son causalidades, voluntades y suertes temporales que se nos presentan en forma de ráfagas frescas, invisibles y mágicas.

Lo insólito, lo inesperado y lo inédito es señal de un momento oportuno. Debemos ejercitar la percepción de oportunidades, estar preparados para recibir estas señales.

Cuando estemos más entrenados en este ejercicio, recién ahí podremos decidir si son oportunidades para aprovechar o podemos dejarlas pasar. Lo importante será poder reconocerlas.

El tren...
Hace varios años, cuando llegó la privatización de la televisión argentina y se crearon nuevos canales de cable, en una charla casual, un viejo conocido me comentó que el canal de televisión de aire con más rating del momento, estaba buscando un conductor para un programa de cable y me sugirió que yo "daría muy bien en cámara". Conociéndome, bastante tímido, nada suelto y poco "amigo de las cámaras", largué una risotada seguido de la pregunta "¿Yo en la tele?, Nahhhh! ni loco, jamás podría hacer algo así, no tengo nada que ver con ese medio..."

Y ahí quedó todo. Posiblemente, ese comentario, igual no hubiera pasado a mayores, pero hoy reconozco que fue algo descolgado e imprevisto para lo cual yo no estaba preparado.

Sin embargo, varios años después, habiendo comprendiendo la situación, puedo pensar que estuve frente a una oportunidad. Que dejé pasar... Óoooleeee...

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Nene...
En el ciclo "Juegos Mentales" del canal NatGeo se muestra una experiencia relacionada con "prestar atención".

El conductor del ciclo se dirige a la audiencia y les dice que seguidamente, un grupo de baile hará una rutina en el escenario. Mientras que dure la rutina, el público tendrá que contar la cantidad de veces que los bailarines vestidos de azul ingresen en un círculo que se proyectará en el piso del escenario. Dicho esto, comienza la rutina ante la mirada atenta de los espectadores.

Una vez finalizado el baile, el conductor pregunta al público cuántos contaron más de 10 veces, cuantos más de 20 y pregunta además "¿alguien vio un pingüino?". Los participantes se miran asombrados y ríen en forma nerviosa. Uno, como espectador del programa también se pregunta lo mismo "¿qué pingüino?, ¿había un pingüino?. Algunos confiesan que lo vieron muy fugazmente. Acto seguido, invita a aparecer al "intruso" (quien en realidad es una persona disfrazada de pingüino), que ingresa desde la parte de atrás del escenario, entre risotadas y miradas atónitas de los participantes.

Inmediatamente el conductor pide pasar el tape con la rutina de baile que acaba de finalizar. Ante la sorpresa de todos (uno mismo incluido), se puede observar claramente cómo se entremezcla entre los bailarines, la persona disfrazada de pingüino.

La explicación parece sencilla: ante la consigna del conductor, el público se concentra en contar la cantidad de veces que los bailarines de azul ingresan en el círculo de luz proyectado en el piso, tarea poco complicada, pero que exige cierta concentración para evitar distracciones. Esta parece ser la razón por la cual la mayoría de los espectadores no puede ver el pingüino.

Ahora, pensemos en los cientos de "pingüinos" que pasan a diario por delante de nuestras narices y que no podemos ver por estar "muy ocupados"...

¿Estamos realmente muy ocupados?... ¿No será que tendremos que manejar mejor nuestros tiempos...?

Puede ser. Pero eso amigos ya será cuestión del próximo Diseño Data.

¡Hasta la próxima!

bye!
MARTÍN LARRE
martin@larre.com.ar

 
   
 
¿Casualidad?
Una gran cantidad de exitosos cantantes de jazz y "crooners" estadounidenses del siglo 20 ha sido de origen italiano.

Repasemos los más conocidos: 1. Frank Sinatra (Francis Albert Sinatra) 2. Tony Bennett (Anthony Dominick Benedetto) 3. Al Martino (Jasper Cini) 4. Bobby Darrin (Walden Robert Perciville Cassotto) 5. Dean Martin (Dino Paul Crocetti) 6. Perry Como (Pierino Ronald Como) Vic Damone (Vito Rocco Farinola) 7. Frankie Laine (Francesco Paolo LoVecchio).

Algo especial debe haber en sus cuerdas vocales "importadas" de la península itálica. ¡Mamma mia!
  ¡Afilá el lápiz!
A principios de 1900, un reconocido artista ruso, Emmanuel Poiré en su lengua local llamaba "karandash" al "lápiz".

Por otra parte, en turco, la expresión "kara tash" significa "piedra negra", y se refiere a aquella que permite efectuar marcas al frotarla contra una superficie, algo así como el "grafito", elemento fundamental en la fábrica de lápices suiza fundada en 1924 por Arnold Schweitzer: Caran D'ache. ¡Pavada de marca!

© Caran d'Ache
 
 
 
   
 
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Todas las ilustraciones por Martín Larre © 2012
Por favor, copie con discreción, nombrando al autor.

 
  Larrestudio - www.larre.com.ar - [+54-11]4793-4323 - estudio@larre.com.ar
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